La visita de Estado de la presidenta Michelle Bachelet a Cuba es un acercamiento cuidadoso de dos países que durante la segunda mitad del siglo XX, en medio de la Guerra Fría y sus cruentos conflictos ideológicos, vivieron la amistad entre los presidentes Salvador Allende y Fidel Castro. Tras el golpe de Estado de Pinochet, el país acogió a miles de chilenos y a sus familias. 

Cuba, a diferencia de Chile, hizo de Salvador Allende una figura histórica desde temprano. Por todo eso la visita de la presidenta, también socialista, tiene connotaciones significativas para la historia de los dos países. 

Desde la incorporación de Cuba al Grupo de Rio en el año 2008 y en vista de las novedades que pueda generar la nueva política norteamericana hacia Cuba - el contexto 'hemisférico' para una probable transición ha mejorado. Un proceso que tal vez contrapesa los lazos con Rusia y sus aliados que - por sus ecos en Venezuela, Nicaragua y demás aliados regionales - tienen el efecto de dividir la región, debilitando la capacidad negociadora de América Latina en la crisis mundial actual. 

Muchos esperan del gobierno de Raúl Castro un mayor desarrollo en asuntos de derechos y libertades políticas. La presencia en Cuba de la presidenta Michelle Bachelet, que representa una opción avanzada de desarrollo político y social, abre una singular oportunidad de avanzar en temas de la transición, de la integración y del futuro de la globalización.